"¿Por qué se tarda tanto? Se supone que tenemos prisa." No dejaba de pensar. Ya había pasado al menos media hora desde que la Pancha había entrado a su casa a recoger a "mis hijos", mientras yo esperaba encerrado en el auto por órdenes suyas. No me sentía nada a gusto esperando en ese lugar de brazos cruzados mientras me buscaban unos matones, estaba seguro de que si me hubiese ido por mi lado ya estaría en mi depa contemplando mi rostro en el espejo del baño en espera de algún buen show televisivo. 

 Los alrededores estaban despejados, la cuadra estaba desierta y las luces de las casas estaban apagadas, parecía mentira que en otras partes de la ciudad se estuviesen llevando a cabo batallas contra los muertos vivientes. Yo por mi parte todavía no había visto ningún zombi de verdad, a excepción de mi reflejo, claro ¿Qué sucedería a continuación? ¿Lograrían los humanos controlar la situación o Anastasia se convertiría en el final de la era del hombre sobre la faz de la tierra? Sonará infantil, pero estaba un poco emocionado con toda la situación, después de todo, soy un entusiasta de todo lo relacionado con mi interesantísima sub especie, los muertos vivientes.  

 

 El único motivo por el que no me había separado de la Pancha para continuar con mi tranquila no-vida era que un inesperado interés en mi yo pasado había nacido en mí después de me enterarme de la posibilidad de que soy padre. Contemplé las imágenes de los niños en las fotografías una vez más. Sus rostros no me parecían familiares en lo más mínimo ni despertaban en mí ningún sentimiento encontrado o algún instinto paternal, sin embargo, una sensación similar a un déjà vu se apoderaba de mí cada vez que posaba mis ojos sobre las fotografías. 

 

 Ensimismado en los retratos frente a mí, pasé por alto la presencia de un hombre caminando por la vereda, aproximándose lentamente en mi dirección por la retaguardia. Dudé que estuviese con los “hombres de negro", pues ni siquiera utilizaba traje. A pesar de esto último, no pude evitar sentir incomodidad junto a una fuerte presión en la parte trasera de la nuca. De manera casi automática me deslicé por el respaldo del asiento hasta que mi cabeza estuvo oculta tras la cabecera y allí esperé. No pasó mucho antes de notar que había perdido de vista al deambulante nocturno, no lograba localizar su imagen en el reflejo del espejo retrovisor, y el hecho de que el manto nocturno estuviese más oscuro que los cocos de King Kong me hacía sospechar de hasta el más mínimo movimiento de sombras. El sentido común me decía que lo mejor sería quedarme allí, inmóvil, oculto por las sombras y las paredes metálicas del automóvil, pero no me sentía cómodo sin saber a dónde se había ido a meter aquella persona. Entre abrí la puerta y me asomé al exterior, pero no pude ver absolutamente nada, un objeto estaba directamente en mi camino impidiendo que pudiese mirar a las afueras. Sin llegar a pensarlo, abrí la puerta del automóvil de par en par, y entonces comprendí lo que estaba bloqueando mi campo de visión. De pie frente a mí, el deambulante nocturno me examinaba de pies a cabezas con una mirada de indiferencia absoluta, como si ante él tuviese un tronco que estorbaba su camino. Su piel estaba tan pálida que parecía que estuviese cubierta con algún tipo de maquillaje, y su vestimenta del lado izquierdo de su cuerpo, desde la hombrera hasta el dobladillo de sus pantalones de cotelé y sus calcetas grises, estaba empapado en sangre. Me bastó con un vistazo a sus ojos para darme cuenta de que tenía un zombi frente a mí, lo hubiese reconocido como tal aun si no hubiera estado cubierto de sus propios jugos vitales, pues él tenía unos ojos carentes de motivo, principio o razón, unos ojos sin el brillo de la vida "¿Tengo acaso la misma mirada que la de esta criatura?" Fue lo primero que me vino a la mente, y con ese pensamiento me quedé por varios minutos. Sin saber cómo debería de actuar ante esa situación opté por cerrar la puerta del vehículo. Tras apartarme de su camino, el no muerto no me dedicó ni un instante más de su tiempo y retomó su moroso andar. Por mi parte, yo me quedé apreciando su marcha tras la ventanilla lateral y luego del parabrisas, hasta que lo perdí completamente de vista. Que ser más fascinante...  

 

 Tras el breve encuentro, una idea saltó a mi cabeza. Si un muerto estaba deambulando por esos lares, no sería extraño otros también andubieran rondando en las cercanías. La Pancha llevaba demasiado tiempo dentro de su casa, y ella sabía que el tiempo jugaba en nuestra contra ¿Habría sucedido algo? ¿A caso un zombi se había colado en el hogar de la Pancha antes de que ella llegase? No era algo imposible, y si ese era el caso, aquella vivienda era una trampa mortal "¿Por qué no lo pensé antes?" Me recriminé yo mismo ¿Qué debía de hacer a continuación? ¿Marcharme? No me sería difícil desaparecer del radar si estaba yo solo por mi cuenta. Sin embargo, podría ser que estaba saltando a conclusiones demasiado a prisa, necesitaba confirmar si es que mi hermana estaba o no con vida, la llamaría por celular, y si no contestaba, me largaría de allí. Saqué mi teléfono de mi bolsillo y seleccioné el discado rápido al número de la Pancha. Escuché el tono de espera un rato, más no hubo respuesta. Presioné el botón de llamada una vez más, y nuevamente esperé al son del tono de espera... Nada. 

 

 Tenía que irme por mí lado y olvidarme de todo ello, de eso no tenía ninguna duda, lo sentía mucho por la Pancha, pero cada quien cuida su pellejo. Sin darle más vueltas al asunto, me bajé del carro dispuesto a marcharme. Miré en dirección a la casa de la Pancha una vez más, las luces estaban apagadas, y las cortinas cerradas, pero podía reparar una titilante luminiscencia si prestaba atención, lo más probable era que la televisión estuviese encendida. A punto estuve de apartar la mirada cuando me pareció ver la sombra de una figura pasar en el interior de la vivienda. No, estaba seguro de haber visto alguien pasar. Antes de darme cuenta yo ya estaba caminando en dirección a la entrada de la casa, me sorprendió lo idiota que puedo llegar a ser a veces. La puerta estaba semi abierta, bastó un pequeño empujón para abrirme paso. El lugar estaba sorprendentemente ordenado, no se parecía nada al desastre que era el laboratorio. Apoyadas contra una pared cercana había un par de mochilas repletas de qué sé yo, y junto a estas, lo que parecía ser un pequeño bastón. 

 

 ¿Pancha? -Llamé en voz alta mientras avanzaba por lo que parecía ser el salón de estar-. 

 

 La luz tintineante que podía ver desde el auto provenía de una habitación con una puerta con adornos y stickers femeninos, indicios característicos de la habitación de una niña pequeña. Comencé a avanzar en dirección al origen de la luz, la casa estaba sumida en un silencio casi absoluto, sin darme cuenta me puse a caminar de puntillas. Tomé el pomo de la puerta de la habitación y asomé la mirada. Sentada sobre una silla de madera, una niña de cabello oscuro me daba la espalda a la vez que miraba en dirección a un televisor encendido con el sonido desactivado, estaban pasando una película extranjera con subtítulos en inglés. Di un par de golpes contra la puerta para llamar su atención, más no hubo respuesta, la pequeña se quedó sin mover un músculo. 

 

 ¿Hola? -No hubo respuesta-. Disculpa, niña –le llamé con un tono de voz más elevado-. 

 

 Me estaba comenzando a sentir incomodo ¿Quizás la niña estaba muerta? Sé que mi imaginación tiende a dar brincos alocados en situaciones de estrés como esa, pero ¿No acababa de ver con mis propios ojos un zombi rondando por la calle? Y eso es lo de menos ¿No era yo mismo un muerto viviente? Bajo esas circunstancias no sería extraño que alguna criatura caníbal carente de pulso hubiese llegado antes que yo para convertir a esa niña en un cadáver sin alma. No quería acercarme más de lo necesario a la figura infantil que no dejaba de darle la cara al televisor, pero tampoco quería irme sin estar seguro de lo que había sucedido. 

 

 Soy el hermano de la Pancha, estoy buscándola -traté de llamar su atención una vez más, sin embargo, la mirada de la niña continuaba clavada a la pantalla. 

 

 No puede oírte -me dijo una voz infantil a mis espaldas, la sorpresa casi hace que mi corazón volviese a latir una vez más-. 

 

 Me di media vuelta con tal torpeza que casi pierdo el equilibrio. Haciéndome frente había un niño de unos siete años de edad, pero era difícil adivinar con exactitud. Llevaba puesta ropa de calle y blue jeans, y por alguna razón tenía un aire de estar un poco desorientado. Lo reconocí casi de inmediato, era el chiquillo de las fotografías, solo de verlo me asaltó una sensación de déjà vu. 

 

 ¿Acaso está muerta? -No me percaté de aquella pregunta probablemente no era muy apropiada para dirigirla a un niño de su edad hasta que las palabras ya habían salido de mi boca, por un momento pensé que había cometido un error, pero el pequeño no se hizo ningún problema-.

 Nah, es que la Margie está sorda –respondió seria y enérgicamente-. Y yo estoy ciego, así que nos ayudamos entre nosotros. Oye ¿En serio eres hermano de la tía Francisca? 

 ¿Sorda dices? ¿Y que eres ciego?  

 ¿De verdad algo así puede suceder? La niña era sorda y el niño ciego ¿Cuáles son las posibilidades? Seguro si hubiese un tercer hermano sería mudo el pobre desafortunado. 

 ¿No te digo? Pero ¿De verdad eres el hermano de la tía Francisca? 

 Si, la estoy buscando ¿Dónde está? 

 ¿Cómo te llamas? 

 Niño, concéntrate un momento, tu tía Francisca ¿Dónde está? 

 Está en la pieza hedionda ¿Sabes que es lo que le pasa? Estaba muy agitada y nos dijo que íbamos a salir, pero eso fue hace muuucho rato, y ya tengo sueño. 

 ¿Pieza hedionda?  

 Si, ella no nos deja entrar ahí y siempre está cerrada. La pieza hedionda huele un poco como tú, pero tu olor es bastante peor ¿Por qué hueles tan mal?

Comentarios: 3
  • #3

    Erick Salazar (lunes, 18 junio 2018)

    Tienes demasiado potencial. Tenía que decirlo.
    Saludos desde Cancún, Quintana Roo, México.

  • #2

    Eliseo Levicán Vargas, (domingo, 10 junio 2018 15:26)

    Soy corresponsal de prensa de Radio Maipú y de Radio Futuro de Suecia 88.4 FM y además crítico de Literatura y de comics chileno.
    email :elevican@yahoo.com
    Nos conocimos cuando tu vendías tus libros en la vereda de la plaza del Mulato Gil en Santiago.
    Espero que te vaya muy bien en tu negocio.
    El viernes pasado fui a un lanzamiento de un libro de poesía de un joven de Valparaìso en la sede de la Sociedad de Escritores de Chile, SECH, ubicada en Plaza Baquedano.
    Tengo un blog sobre cine,teatro,cine y otras artes visuales y que puedes visitar:
    http://vitrinaaudiovisual.blogspot.com/
    Me despido atte : Eliseo Levican Vargas

  • #1

    7franvam@gmail.com (martes, 15 mayo 2018 17:20)

    Excelente publicación: Creatividad, suspenso, emoción. Innovadora forma de llevarnos a
    ser parte por unos instantes, del contexto y el sentir de los personajes.