La Ciudad de Roronir, el monje guerrero y la sirena solitaria

 

  
 

Hoy he de contarte una historia, y no cualquier historia, sino que una de amistad, amor, miedo, y tragedia... aunque al escuchar esto último si suena como cualquier otra historia ¡te prometo que no lo es! Este es el relato de cómo la famosísima Ciudad de Roronir desapareció de los mapas. ¿Que jamás habías escuchado de Roronir? No puedo contarte la historia si no sabes sobre la ciudad de obsidiana. ¿Qué es lo que les enseñan en los colegios hoy en día? Supongo que no me queda más opción que instruirte en el tema, ponte cómodo.  

Siglos atrás, mucho antes de que las aberraciones tecnológicas tales como las armas de fuego o las bombas nucleares profanasen la faz de la tierra, en los confines de este mundo, existió una gloriosa y sagrada ciudad llamada Roronir, un lugar donde los ciudadanos, sin importar su raza, religión o creencias, convivían en paz. Construida a los pies de centenares de volcanes dormidos, los hogares de los habitantes estaban cuidadosamente reforzadas con vidrio de volcán, mejor conocido como obsidiana, y los palacios, monasterios y otras grandes edificaciones estaban hechas enteramente de este material. Incluso las calles estaban adoquinadas con obsidiana. Los antiguos manuscritos relatan en sus amarillentas páginas que, durante las noches de luna llena, la luz lunar se reflejaba sobre la obsidiana de toda la ciudad, llegando hasta los rincones más ocultos e inaccesibles de los desagües y, cuando esto ocurría, un suceso inexplicable hasta el día de hoy tomaba lugar: una luz color negro carbón se apoderaba enteramente del lugar, generando un efecto hermoso a la vez que espeluznante al ojo humano, algo que, según los antiguos manuscritos, es imposible de comprender para alguien que no lo ha presenciado, por lo que hasta la más detallada descripción puede considerarse vaga.  

Para dar una idea remota de la experiencia que entregaba el presenciar una noche de luz oscura, se le describió como un evento en el que todo lo que residía dentro de la metrópoli adquiría estado líquido, sólido, y gaseoso a la vez, y todo aquello que generalmente es invisible o insostenible, tomaba las mismas características: las ideas, los sueños, el fuego, el aleteo de una mariposa, no había excepción a la regla. Uno de los aspectos más sorprendentes de todo esto era que no se necesitaban ni de ojos ni de oídos para vivir la experiencia, era como si todo fuese percibido a través de un sexto sentido, por ende, la ceguera y la sordera no eran impedimentos para apreciar las maravillas de la luz oscura.   

La santidad que se le atribuía a la Ciudad de Roronir no se debía solo a la belleza que proporcionaba la luz oscura, no, existían otros dos motivos por la que la gente del mundo entero consideraba aquel sitio un lugar sagrado: El primer motivo, y en opinión de muchos el de menor peso, era que la luz oscura no existía en ningún otro lugar del mundo; muchas personas adineradas alrededor del globo compraron casas hechas enteramente de vidrio de volcán con la esperanza de reproducir la luz oscura, pero nadie tuvo éxito. Incluso existía una historia que se les contaba a los niños antes de ir a dormir en la cual se hablaba de un rey que dejó a su gente en la ruina porque endeudó a su reino al reconstruir todos los edificios enteramente de obsidiana en un intento fallido de duplicar las noches de luz oscura. El segundo motivo que ocasionaba que la Ciudad de Roronir fuese considerada divina a los ojos de la mitad de las religiones de aquella época, era que las diferentes criaturas mágicas del mundo se reunían en el interior y en las afueras de la ciudad sin generar conflictos.  

Si bien no era la única ciudad con criaturas mágicas del mundo, si era la única ciudad en la que razas enemigas convivían a diario sin percances ni disputas. A la ciudad llegaban seres de la luz y del bosque de todo tipo –como es de esperarse de una ciudad sagrada tales como sátiros, hadas, dríades, e hipogrifos. Existía el rumor de que, durante un tiempo, un arcángel se albergó tras los muros obsidiana de Roronir. Y de la misma manera también eran acogidos seres de las sombras y del fuego, entre aquellos era posible encontrar criaturas como los troles, chonchones, ciclopes, wyvernos y kelpies. De hecho, se menciona en los antiguos manuscritos que una noche al año la ciudad era inundada por demonios y diablillos, noche en la que las calles se repletaban de felicidad, jolgorio y lujuria.  

Se historia que ningún habitante conocía la edad de la ciudad, ni siquiera los ancianos más sabios, puesto que, según los antiguos manuscritos, no existía ningún registro sobre los fundadores de Roronir, por lo que tampoco se sabía si la ciudad fue construida por humanos o criaturas mágicas. A pesar de esto último, los historiadores no pierden la esperanza de un día poder encontrar información ligada a los padres fundadores de Roronir en algún rincón del mundo, porque, a pesar de que el viaje a la ciudad de obsidiana era largo y lleno de peligros, muchos viajeros nómadas entraban y salían a diario del lugar con todo tipo de textos.  

Roronir nunca conoció las guerras, pues no se les permitía a los ambiciosos y corruptos llegar a los puestos de liderazgo, y cualquier atacante hubiese sido considerado enemigo por cientos de naciones, por lo que nadie se atrevía a buscar conflictos con la región. Ningún ser pasaba hambre allí, pues a las afueras de la ciudad había enormes y fértiles campos perfectos para cultivar, extensos bosques llenos de fruta, abejas, y vida salvaje, y un gran número de ríos, lagos y lagunas repletos de peces para pescar. En otras palabras, aquel lugar era un paraíso.  

Las personas y criaturas mágicas que llegaban a Roronir provenían de todos los rincones del planeta, y, por ende, las religiones y creencias eran muy variadas, pero había algo en lo que todos estaban de acuerdo, una sola regla, una sola creencia que todos respetaban y no se atreverían a quebrantar bajo ninguna circunstancia. Tallado en una enorme roca volcánica en el centro de la ciudad, había un mandato tan antiguo como la localidad: “No intimarás, ser de carne y espíritu, con ninguna criatura ajena a tu raza, no mientras en Roronir…” El mensaje estaba incompleto, faltaba una parte, y había sido escrito en un lenguaje desconocido para los humanos y criaturas mágicas por igual (sin embargo, antiquísima magia arcana permitía que incluso los neófitos y los analfabetos pudiesen entender la inscripción ancestral). La interpretación para todos era obvia: el sexo, las relaciones amorosas, las caricias, y/o cualquier tipo de intimidad entre diferentes especies estaba rotundamente prohibido en la ciudad y sus alrededores, la gente le temía a lo que podría suceder si la regla era quebrantada.  

Ahora que conoces un poco de la Ciudad de Roronir podemos iniciar con el relato, sin embargo, no es dentro de la ciudad donde inicia nuestra historia, sino que en las afueras de esta...  

Un día, un niño humano que se ocultaba de sus obligaciones como aprendiz de monje, jugaba sobre un árbol a las orillas de una laguna. El joven muchacho era buen mozo, tenía cabello oscuro y ondulado, y vestía ropas que serían consideradas exóticas en cualquier región de occidente. Desde el fondo de la laguna, una joven sirena observaba divertida al pequeño niño que, imitando a algún héroe de leyendas, empuñaba su espada forjada con una rama e imaginación.  

El niño blandía energéticamente la vara de madera mientras se balanceaba tenazmente sobre el árbol. Tenía talento, en verdad era un gran espectáculo. Durante una descuidada estocada, la rama bajo los pies del joven cedió ante la presión de su peso, dejando caer al muchacho al agua. El chiquillo era hábil y estaba en buen estado físico, en otras circunstancias hubiese nadado de vuelta a la orilla sin problemas, pero en su caída, su cuerpo quedó atrapado por las enredaderas que colgaban del árbol, así fue que comenzó a ahogarse. A la vez que perdía el conocimiento y sus lágrimas pasaban a formar parte de la laguna, el muchacho pensó que moriría ahogado, pero no fue así, pues la joven sirena que observaba oculta el suceso, fue a su rescate, y le llevó a la orilla.  

La sirena desechó las enredaderas que cubrían su cuerpo, y se quedó a su lado hasta que él despertó. Grande fue la sorpresa del niño sorpresa al ver lo hermosa que era su salvadora, una sirena de tez clara, cabellos dorados, pequeñas y femeninas manos, y una figura y busto que, aunque aún estaban en desarrollo, despertaron al hombre que llevaba dentro.  

El muchacho estaba profundamente agradecido con la sirena, y le preguntó si es que había algo que pudiese hacer para pagar su deuda, a lo que la sirena, con una risilla, le respondió que le gustaría volver a verlo jugar en las orillas de la laguna alguna vez. Él prometió que así lo haría y se presentó. El nombre del muchacho era Mesut, lo que significa “feliz” en tierras lejanas. La joven sirena por su parte también le dio su nombre al muchacho. Ella se llamaba Aglaope, y le dijo que esperaría con ansias su visita.  

Así, Mesut regresó a visitar a Aglaope al día siguiente y al siguiente, una y mil veces más, y aunque no podía ir a la laguna por periodos de tiempo demasiado prolongados debido a sus obligaciones como aprendiz de monje, él iba tan seguido como le era posible. A pesar de que la sirena era evidentemente mayor que el joven humano, ambos aún eran niños, por lo que su amistad continuó floreciendo y fortaleciéndose con facilidad y júbilo.  

Un día, Mesut le preguntó a Aglaope porqué era ella la única sirena en la laguna, y ella, con dolor en su mirada, respondió: "Los viajes por tierra son muy difíciles y peligrosos para nosotras las sirenas, sobre todo si son a tierras tan remotas como estas. Muchos cardúmenes de sirenas y tritones han perecido camino a Roronir sin siquiera haber llegado a divisar la ciudad en el horizonte. Mi clan era pequeño, orgulloso y muy ligado al mundo espiritual, pero dignos de respeto en todo el océano. A pesar de esto, los humanos nos capturaban para vendernos, esclavizarnos, o peor. Todos en mi clan tenían el sueño de algún día llegar a las pacificas aguas que rodean a Roronir, donde ningún pescador intentaría jamás cazarnos, por lo que mi clan emprendió un largo y arduo viaje hace muchos años ya, cuando yo aún no había nacido. Por desgracia, la mayoría de nuestro clan murió en el camino, solo mis padres consiguieron llegar hasta esta laguna. Aquí sus vidas fueron cortas pero felices, y pocos años antes de dejar este mundo, tuvieron una hija. Mi madre falleció por causas naturales siete años después de que me diera a luz, y el dolor en el corazón de mi padre causado por la muerte de mi madre le enfermó, arrebatándole la vida a él también un año después. Viví mucho tiempo en soledad y llena de tristeza, pero entonces llegaste tú, Mesut, y ahora ya no estoy sola. Puede que haya otras sirenas en otros lagos o ríos de Roronir, pero si las hay, no sé dónde están, puesto que no he logrado encontrar a ninguna.”  

Mesut sintió lastima por la joven sirena, y se prometió a si mismo que nunca dejaría de visitarla ni de protegerla. Él, por su parte, también le contó su historia a Aglaope. Le dijo que era un estudiante de monje en un monasterio (cuya religión el tiempo y la tinta por desgracia han olvidado ya, pero los antiguos manuscritos aún recuerdan con dolor en sus páginas la historia del joven muchacho y la sirena), que él había vivido toda su vida en Roronir, que desde antes de nacer se había determinado que él se convertiría en uno de los monjes guerreros de su monasterio, y que por eso él era tan hábil con la espada y una gran variedad de otras armas.  

 
El aprendiz a monje cumplió con su promesa autoimpuesta y continuó visitando a Aglaope. El verano se convirtió en otoño, el otoño en invierno, el invierno en primavera, y la primavera una vez más mudó en verano. Los días se volvieron años, y los dos amigos se convirtieron en amantes. Mesut recibió el título de monje guerrero, y Aglaope se volvió una hermosa sirena y entabló amistad con otros humanos y criaturas mágicas. A pesar de tenían que ocultar su relación debido a la única regla de la ciudad, las vidas de Mesut y Aglaope eran buenas. Mesut le llevaba distintos tipos de alimentos a Aglaope, le enseñaba las cosas que aprendía en el monasterio, y durante la noche, él tocaba el baglama para ella. Por su lado, Aglaope capturaba todo tipos de peces para compartir con Mesut, le hablaba sobre su vida acuática a las afueras de la ciudad, y siempre cantaba para Mesut después de un arduo día de trabajo. Una mañana como muchas otras, ocultos tras unas rocas, Mesut y Aglaope congeniaban apasionadamente, pero algo fue diferente en aquella ocasión, alguien los observaba, un niño goblin los había descubierto. El goblin no les tenía ningún tipo de rencor, pero su poco conocimiento del mundo y falta de independencia le llevaron a actuar de la manera en que actuó. El pequeño goblin corrió a la ciudad y advirtió sobre lo que había visto a los habitantes, quienes, temerosos al único mandato dejado por los misteriosos fundadores de Roronir, decidieron actuar en contra de la pareja.  

Al atardecer de ese mismo día, Mesut se ocupaba de sus obligaciones como monje, cuando escuchó un alboroto proveniente del centro de la ciudad, por lo que decidió investigar. Cuando Mesut llegó al lugar del que se originaba el escándalo, sintió como si una vara de hielo atravesase su corazón, y su estómago fuese rellenado de acero derretido, porque se encontró con la horrenda sorpresa de que Aglaope estaba amarrada a un enorme pilar de madera con leña a sus pies. La sirena tenía golpes y heridas por todo el cuerpo, y sus aletas habían sido cercenadas, ella nunca más podría volver a nadar... Durante un instante, Mesut se preguntó cómo era posible que los pacíficos y amigables habitantes de Roronir hubiesen hecho algo tan terrible, pero fue un pensamiento pasajero, pues la pena y la rabia inundaron su mente rápidamente. Mesut no tuvo tiempo de desenvainar su espada para cobrar venganza, pues una columna de fuego comenzaba a levantarse alrededor de Aglaope, estaban a punto de quemar a su amada. El muchacho gritó el nombre de la sirena. Ella lo encontró entre la multitud con la mirada y le devolvió su llamado.  

Los humanos y criaturas mágicas que estaban presentes localizaron a Mesut y trataron de capturarlo, pero este ya estaba corriendo en dirección a Aglaope, esquivando ágilmente a todo aquel que se pusiese por delante. Mesut saltó sobre las llamas y abrazó con fuerza a Aglaope, todo mientras el fuego ganaba fuerzas. Ella le susurró algo que nadie más que ellos pudieron escuchar y con lágrimas en sus ojos, se besaron por última vez.  

Justo antes de que el fuego alcanzase a los amantes, la tierra tembló y se agrietó, y la obsidiana de los edificios que rodeaban al monje y a la sirena se derritió como si de hielo se tratase. El vidrio de volcán apagó las llamas, y como si tuviese vida propia, comenzó a envolver a la pareja hasta cubrirlos completamente de obsidiana, finalmente, el vidrio de volcán volvió a cristalizarse, todo mientras la pareja continuaba besándose, y así, ambos quedaron convertidos en nada más en una triste escena para toda la eternidad.  

La gente y criaturas mágicas que presenciaban el acontecimiento no lograban salir de su asombro y confusión. Fue entonces que una misteriosa y potente voz comenzó a retumbar dentro de las mentes de todos los presentes: “Necios, han dejado que vuestro miedo os ciegue y han condenado a muerte a estas pobres criaturas cuyo único crimen fue amarse. El mandamiento ancestral tallado sobre roca volcánica no era nada más que una prueba para obligarlos a ustedes, los habitantes Roronir, a mostrar su verdadera naturaleza, y así lo han hecho, no son dignos y ya no sois bienvenidos aquí.”   

Una espesa niebla color negruzco comenzó a inundar la ciudad, la cual producía un enorme dolor al tacto, y un poderoso terremoto arremetió Roronir sumiendo a la ciudad en caos. Todos los habitantes corrieron a las afueras de la ciudad, pero muy pocos lograron escapar a tiempo, cuando la neblina se desvaneció, la Ciudad de Roronir también lo hizo.  

Supuestamente la Ciudad de Roronir aún existe. En las noches de luna llena, en distintos lugares montañosos del mundo, es posible encontrar una espesa neblina negra, y si la observas con cuidado, puedes ver hermosas y altas torres hechas enteramente de piedra obsidiana. Hay rumores sobre gente que se ha adentrado en la neblina, pero que nunca ha regresado. Se dice que si penetras en la bruma oscura, te encontraras a ti mismo caminando por las deshabitadas calles de Roronir, rodeado por los esqueletos de los habitantes que murieron famélicos siglos atrás, pero por más que corras, saltes, escales, o vueles, no lograras encontrar la salida de la ciudad, y que cuando hayan pasado los días, y tu cuerpo y mente no puedan soportar mucho más la fatiga, el hambre y la sed, llegarás a un enorme callejón, en el medio del cual encontrarás los cuerpos de Mesut y Aglaope cubiertos de vidrio de volcán, y a su lado hallarás un mensaje tallado en piedra en un idioma que desconoces, pero que extrañamente puedes leer gracias a un antiquísimo hechizo arcano.  

Es evidente que en algún momento el mensaje estuvo partido en dos, pero alguien ha unido las piezas. Se dice que solo cuando termines de leer el mensaje completo, podrás morir tranquilo y con una sonrisa en tu rostro, convirtiéndote en un nuevo ciudadano de la Ciudad de Roronir. 

 

 

Contacto: solomonozmund@gmail.com

Comentarios: 3
  • #3

    Erick Salazar (lunes, 18 junio 2018)

    Tienes demasiado potencial. Tenía que decirlo.
    Saludos desde Cancún, Quintana Roo, México.

  • #2

    Eliseo Levicán Vargas, (domingo, 10 junio 2018 15:26)

    Soy corresponsal de prensa de Radio Maipú y de Radio Futuro de Suecia 88.4 FM y además crítico de Literatura y de comics chileno.
    email :elevican@yahoo.com
    Nos conocimos cuando tu vendías tus libros en la vereda de la plaza del Mulato Gil en Santiago.
    Espero que te vaya muy bien en tu negocio.
    El viernes pasado fui a un lanzamiento de un libro de poesía de un joven de Valparaìso en la sede de la Sociedad de Escritores de Chile, SECH, ubicada en Plaza Baquedano.
    Tengo un blog sobre cine,teatro,cine y otras artes visuales y que puedes visitar:
    http://vitrinaaudiovisual.blogspot.com/
    Me despido atte : Eliseo Levican Vargas

  • #1

    7franvam@gmail.com (martes, 15 mayo 2018 17:20)

    Excelente publicación: Creatividad, suspenso, emoción. Innovadora forma de llevarnos a
    ser parte por unos instantes, del contexto y el sentir de los personajes.